viernes, 6 de mayo de 2016

Salmo 30


30) EL QUEHACER DEL REINO DE LOS CIELOS

Me escabullí de las socarronerías de los impíos,
de la enfermedad me sanaste cuando fue preciso.
Extrajiste mi alma en medio del airado incendio.
No haré nada que enfade al Dios Todopoderoso.
Con la sangre preciosa mi ataúd posee mucho sentido.
Transformaste mi tragedia en sana alegría y bullicio.
Es abyecto dejar de alabar al Salvador de la humanidad.
Ese viernes santo la muerte fue vencida para siempre.










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