93) LA GLORIA DE DIOS SE PASEA
La magnificencia es la vestidura del Padre,
y lo gobierna todo sólo a través de Jesucristo,
en el ministerio del glorioso Espíritu Santo.
Su trono es una roca sempiterna, el Salvador también.
Un Dios que es santo demanda santidad en el alma
y en el proceder de cada discípulo del Nazareno.
El poder del Señor es inconmovible e infinito.
La presencia de Dios es por los siglos de los siglos.
La magnificencia es la vestidura del Padre,
y lo gobierna todo sólo a través de Jesucristo,
en el ministerio del glorioso Espíritu Santo.
Su trono es una roca sempiterna, el Salvador también.
Un Dios que es santo demanda santidad en el alma
y en el proceder de cada discípulo del Nazareno.
El poder del Señor es inconmovible e infinito.
La presencia de Dios es por los siglos de los siglos.


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