Nos asaltaron, mas continuamos vivos.
Nos mojó el mar, mas no nos ahogamos.
El Padre nos cuida de la rabia de los perros.
El viento inclina el trigo sin desarraigarlo.
Él siempre nos prepara una puerta de salida,
también en el valle del dolor que todo cristiano
en algún momento visitará, por variadas razones.
No hay otro nombre dado para el auxilio.
jaime fariña morales
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