En esta hora borrascosa te ruego de rodillas,
te imploro que me escuches y me concedas
lo que requiero para no desmoronarme más.
Sí, la única y suficiente roca es Jesucristo.
Seré un residente perpetuo en la mansión del Padre,
me siento seguro abrazado por el evangelio.
Soy un fidedigno legatario del reino del Espíritu.
Cumpliré mi promesa, tú, ya cumpliste la tuya.


No hay comentarios:
Publicar un comentario