84) LA ÚLTIMA MORADA
Cuan dulce es la mecedora del domicilio del Padre,
que hermoso es llorar y orar en la capilla.
Ensalzaré al Dios vivo con un corazón de fuego.
Hasta las flores y aves son alimentadas por su amor.
Dichoso es el que confía ciegamente en Cristo Jesús.
La vía a la morada eterna posee muchas espinas.
Dios está muy atento a las plegarias de los suyos,
de aquellos que buscan la cara del Crucificado.
Cuan dulce es la mecedora del domicilio del Padre,
que hermoso es llorar y orar en la capilla.
Ensalzaré al Dios vivo con un corazón de fuego.
Hasta las flores y aves son alimentadas por su amor.
Dichoso es el que confía ciegamente en Cristo Jesús.
La vía a la morada eterna posee muchas espinas.
Dios está muy atento a las plegarias de los suyos,
de aquellos que buscan la cara del Crucificado.


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